miércoles, 2 de abril de 2014



Departamento de Lenguaje 2014...............

Queridos alumnos:
Les damos la bienvenida a este nuevo año. Como en fechas anteriores nuestra primera invitación es para el desarrollo de la creatividad, entendiendo que esta es 

INVENTAR
CRECER, 
CORRER RIESGOS, 
ROMPER REGLAS Y ... DIVERTIRSE.

Eventos creativos 2014:
  • Mayo: Encuentro de Narrativa ABSCH, Colegio Mayflower, Santiago.
  • Junio: Academia de teatro senior, obra primer semestre.
  • Agosto: Semana de la Literatura. Colegio Mackay:
  • Obra de teatro
  • Concurso de declamación
  • Homenaje a Gabriel García Márquez
  • Concurso literario.
  • Septiembre: Encuentro de Debate ABSCH.


CUENTOS SELECCIONADOS PARA EL ENCUENTRO DE NARRATIVA DE LA ABSCH:


La guerra del estambre dorado.
Joaquín Jiménez Bascuñán

6º Básico
            En el mundo naranja felino en el año 1408 había dos facciones: el C.F.A (Credo de los Felinos Asesinos) y los templarios felinos. Había una guerra entre ellos por el estambre dorado. Quien tenía ese estambre lo podría usar como un arma mortal. El C.F.A lo quería usar por el bien de todos porque los templarios felinos lo querían usar para destruir el mundo y crear uno "perfecto" pero era mentira, le decían eso a la gente felina del mundo naranja pues querían usar el estambre para dominar el mundo. Por el momento el estambre dorado estaba en las patas del C.F.A.
            En el 1418, nació Gato Auditore era blanco y tenía un color anaranjado. Se rumoreaba que Gato Auditore era el supuesto salvador que terminaría la guerra contra los templarios felinos. En el año 1438 cuando Gato Auditore tenía veinte años su padre y su hermano grande se tenían que ir a la guerra contra los templarios felinos, pero cuatro días después le llega una nota a Gato Auditore que decía:  “Señor Auditore sentimos traerle esta nota pero su hermano y su padre han muerto, pero murieron siendo héroes”.
Gato Auditore tomó la iniciativa y se fue a la base del C.F.A. Cuando llegó a la base del C.F.A el jefe, que era un leopardo de color amarillo con manchas café, le dijo a Gato Auditore:
-       Bienvenido al C.F.A, nuestro salvador.


 Gato Auditore contestó:
-       ¿Cómo que salvador?
El jefe le respondió:
- ¿No sabes que eres el salvador? Como sea… te explicaré sobre tu rol.       Después de un rato de explicación sobre el salvador a Gato Auditore entendió y dijo:
 - Entonces prepárenme para usar el estambre dorado - y el jefe asintió con la cabeza.
            En 1442 cuando Gato Auditore tenía veinticuatro y estaba entrenado y listo para usar el estambre el jefe le dijo :
-       pero se me olvidó decirte algo - y Gato Auditore contestó:
-        ¿Qué cosa jefe? - y el jefe respondió:
-       Al usar el estambre dorado morirás por el poder que va a librar el estambre. y Gato Auditore confirmó:
-       Tomaré el riesgo.
            Después de dos días, Gato Auditore llegó al campo de batalla y prosiguió a usar el estambre y cuando el estambre dorado estaba listo para ser usado Gato Auditore gritó sus últimas palabras:
-  ¡ Por mi padre y mi hermano! -
Y poco a poco todos los templarios felinos fueron cayendo como moscas al suelo. Después de veinte minutos todos los miembros del C.F.A saltaron de alegría porque la guerra había acabado, pero de repente se vio que Gato Auditore estaba vivo.
            En el año 1448 cuando Gato Auditore tenía treinta años se casó con una de las integrantes del C.F.A y tuvo tres gatitos.
            
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  La tarde de una mosca.

   Geo Herrera Galilea
                                                                                               III Medio 


              El sol caía de forma placentera y descubrí que el mero hecho de estar allí, bajo este calor viendo a la gente pasar me producía felicidad.
Esta acción ejercía cierto tipo de terapia sicológica, despejar la mente de mis propias emociones para trasladarla hacia los transeúntes y sus problemas me daba la esperanza de que existía alguna empatía en mi ser.
En este contexto se daban las más curiosas y absurdas revelaciones, descubrí que el enfado irracional de un niño, no mayor de 4 años, se resolvía con su mamá llevándolo en brazos o como la gente se quedaba mirando vitrinas por largos lapsos, imaginando tal vez una vida diferente.
             Me sorprendió muchísimo una señora ya en sus cuarenta que paraba frente a una panadería y examinaba los postres que se exhibían en la vitrina, debe haberse quedado parada allí a lo menos unos diez minutos y por momento unas expresiones de satisfacción cruzaban su cara. Esto dio paso a los más alocados pensamientos, la señora se había alimentado viendo los pasteles, o tal vez sufría de cierta alteración sicológica que las imágenes de comida le proporcionaban placer. Mientras seguía divagando, la señora se va notablemente feliz, sin haber pisado el interior del local.
         Aunque para mí se convirtió en un enigma esta señora que se alimentaba mentalmente, quedó rápidamente en el pasado cuando un señor se sienta a leer el diario a mi lado. Debo decir que esto me produjo un poco de incomodidad. No lo saludé, aunque probablemente no se hubiera dado cuenta, mantuve un lenguaje corporal amable, un poco inquieto, que me costó mantener mientras este terminaba su sagrada tarea de terminar la sección deportiva del periódico. Este hombretón se veía claramente agitado producto de algún esfuerzo físico anterior, venía cubierto de sudor y desprendía un calor corporal tremendo. Esto me producía una disyuntiva, por una parte quería mantenerme ahí y disfrutar del sol veraniego mientras contemplaba a la gente, sin embargo la compañía de este señor me ponía lo suficientemente predispuesto para alejarme del lugar.
Menos mal no lo hice debido que unos minutos después, una niña de unos tres años, en la acera del frente rompió a llorar.
Me propuse ayudar, por el llanto desesperado de la niña deduje que probablemente se había perdido, al ver que nadie se le acercaba me levanté, romper mi anterior estado de quietud me sorprendió tanto que casi me posé de nuevo, verme inmerso en el caótico flujo de gente, me abrumó tanto que me sentí como la niña de la vereda de enfrente, lo que me devolvió a la realidad y a cumplir mi objetivo.
El próximo impedimento se me presentó al momento de cruzar la calle, resultaba que había que esperar a que cierta luz cambiara a verde para poder pasar. Una súbita revelación cruzó mi cabeza, porque una luz determina nuestra forma de actuar y no nuestra propia voluntad. Con esto en mente simplemente la crucé, esquivando un gran bus, y haciendo caso omiso a un auto que tocó la bocina, aunque probablemente no fuera para mí. Ya al otro lado mi satisfacción era aun mayor, había atravesado una calle siguiendo mi propio código y no el de una luz, que la gente se empeñaba en seguir. La niña por supuesto seguía llorando, ya con una fuerte resolución me propuse  ayudarla, sin embargo en ese mismo momento las dudas me asaltaron y me fui incapaz de moverme o accionar, pensar se convirtió en mi único modo de expresarme.
                Había considerado ayudar a esta pequeña, sin embargo, aunque claramente necesitaba ser ayudada, no podía concebir una idea adecuada ¿Ella estaba perdida? ¿se había escapado? O simplemente estaba triste. Pensé en preguntarle, pero el simple hecho de involucrarme en una situación de dolor me hizo retroceder. Este alto en mi desenfrenado actuar, me hizo recapacitar y volver a mi estado anterior de pasividad. A los minutos llegó una mujer que aparentaba ser la mamá y se llevó a rastras a la pequeña, salvándola a ella y también a mí, al darse por concluida esta situación problemática.
Concluido esto encontré otro banco desocupado en el que sentarme, reflexioné sobre que motivaciones me habían llevado a pensar que podía ayudar a una pequeña y cómo esto me había conducido a cometer la imprudencia de cruzar una calle llena de autos en movimiento. Finalmente decidí que mi lugar era ese banco y que no me movería de allí, hasta mi inminente muerte: en fin del día.

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Carta para Nadie.
Joaquín Rodríguez Ibaseta
IV Medio

¿Para quién escribo esta carta? La verdad aún no lo sé,  pero necesito dejar físicamente expresado lo que me sucede, necesito organizar mis ideas, componer mi réquiem. Y no, no es para ti, para él o para ella, esto que escribo es completamente para mí, y no deseo que sea leída por intrusos prejuiciosos. Quiero lograr aunque sea una cosa que me haga argulloso en esta vida, aunque sea este pedazo de papel, relatando mi penosa existencia. Hay quienes quieren quedar impresos en la historia humana, tienen miedo a la idea de muerte y creen que mientras sean recordados no se irán de este mundo. Quizás en veinte años más la gente se acerque a mi tumba y diga “Este es el gran escritor, precursor de las corrientes literarias vanguardistas”. No, no quiero ser idolatrado por las masas, me revolcaría en mis propios gusanos y carne podrida si la gente me alabara muerto. Pero sé que con certeza que la vaga posibilidad de que eso ocurra no motiva esta pérdida de tiempo, mi ya limitado tiempo. La verdad nunca me ha gustado escribir, no tengo las habilidades que tenían mis compañeros, pero he considerado prudente hacer una excepción para esta ocasión.

 A las doce en punto de hoy, o mañana. Como sea, en algún momento de esta triste noche, mi sangre manchará las paredes que ahora me encierran con mi torcida pero ya exhausta mente. Siempre creí que así sería, lo intuía desde muy pequeño. Cuando en las revistas forenses, que compraba mi padre, salían casos de suicidios, una angustia se apoderaba de mi cuerpo y mi corazón se aceleraba. Las ansias de poder ver a alguien cometiendo tal martirio me mantenía noches completas despierto, pensando en qué podía pasar por la mente de esas personas para querer tomar tal decisión. En ese momento, tan inmaduro que era, creía que ese acto era absurdo y cobarde, el camino fácil… El camino. Fue en el momento que abrí los ojos que me di cuenta de cuál es nuestro camino. Una tarde que caminaba frente al cementerio, que queda a unas pocas cuadras de mi antigua casa, observé un funeral, en la foto sobre el ataúd había un joven, de corta edad, no más de veinte años, me parecía haberlo visto en un sueño, como si lo conociera de toda la vida. Sentí pena por él, creo haber llorado la muerte de un completo extraño, pero continué mi camino. Cuando llegaba a mi casa una señora se desplomó frente a mí, era una anciana decrépita, ya era su hora, pero la muy desconsiderada optó por dar su último discurso mientras agonizaba, a un desconocido. “Aprovecha que aun eres joven”. En ese momento la odié. Desgraciada, esas frases me atormentaron por lo menos un año, en que todas las noches lloraba en mi cama, porque sabía que había pasado otro día y yo no podía hacer nada para detenerlo, el tiempo caía como chubascos en la lluvia, pesados, con fuerza, y sin preocuparse de mojar a alguien, él no se detenía. Fue tan sólo hace unos pocos años atrás, que me di cuenta de lo que el camino significaba, me di cuenta de todas las ideas que deambulaban sin sentido por mi cabeza. El camino es uno sólo, no importa quien seas, desde que naces el camino está trazado, y siempre llegas a la misma meta. La anciana me advertía de que aprovechara mientras el camino aún es incierto, mientras el caminante aún desconoce el rumbo de su huella. A su edad ya tenía claro qué era lo que iba a suceder, sabía que cada día la meta estaba más y más cerca. Es por eso que el suicidio ya no me da vergüenza, de hecho, no es la persona quien toma la decisión, su destino siempre fue ese, ellos sólo tomaron la manera valiente de afrontar las cosas, y decidieron llegar a la meta como héroes y no desplomándose en la calle sobre los brazos de un extraño.
            Esa es la mayor razón por la que escribo esta carta, para explicarle al mundo lo valiente que soy y fui, que me di cuenta de lo que es vivir, y que el resto está ciego de tanto miedo que tienen por cada paso que dan. ¿Es eso una vida? Cómo puede haber tanta mentira, tanta prostitución moral y avaricia, siendo que todo eso se pierde, en cualquier momento, se pierde como un suspiro en el silencio, desaparece con todas sus vanidades carnales. Es que el hombre no se ha dado cuenta de lo triste que es la vida, e intenta vivir más aumentando su poder, sus pertenencias. Intentan encontrar su salvación en la fortuna, en la lujuria, en el amor, en la familia... ¿Cómo pueden dos personas consientes del caos y sufrimiento que hay en este mundo, traer a la vida a una criatura indefensa, para ser corrompida por esta sociedad? Es por eso que dejé a mi pareja, y es por eso que hace mucho ya que no le hablo a mis padres, de hecho, les dejé claro hace un tiempo que eran unos monstruos por haberme engendrado, y ojalá se les sea pagado su acto de egoísmo con la vida más larga que puedan tener, y que así disfruten su estadía en este túnel, arrastrando sus pecados. Total, yo ya me voy, al fin encontré la salida, un atajo hasta la meta, ya que, el que llega es el ganador. Envidio a los recién nacidos que mueren al instante, no alcanzan a salir de las entrañas de su madre cuando ya lograron el más importante logro en la vida de una persona.
            No tengo a nadie a quien dejarle esta carta, ni mis pertenencias, ni mis lamentos, ojalá todos vivan mucho, y que hablen mal de mí, muertos de envidia, porque yo encontré la salida, y ellos no logran entender lo atrapado que están. Sí, soy valiente, y dejo estas palabras a mi conciencia. Ojalá las quemen junto a mi cuerpo, detestaría que la gente me fuera a visitar, detestaría que la masa recuerde mi nombre, ya que la sola idea de quedar atrapado en este mundo, vivir tan solo un día más, me da náuseas. En fin, una carta para nadie.


José Diego Rojas Iriarte

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El conejo hechizado


Benjamín Antonio Lara López
5º Básico
       Había una vez un matrimonio campesino muy pobre que vivía a los pies de la cordillera en una humilde casa.  Un día cualquiera él fue en busca de comida y cazó un conejo pero su asombro fue tal cuando el conejo mirándolo a los ojos le suplica que lo libere a cambio le concedería un deseo. El campesino después de reponerse de su impresión acepta el trato y lo deja en libertad a cambio le pide una linda casita con chimenea y jardín.
       El campesino corre a casa y al ver que se ha cumplido su deseo le cuenta muy feliz todo lo que le ocurrió. El matrimonio estuvo muy feliz por algún tiempo hasta que su señora le pide buscar al conejo para pedir más deseos, él se enoja porque no creía que fuera correcto pedir más porque no necesitaban más, pero ella insiste tanto que lo convence.
      Después de mucho buscar lo encuentra y le explica con tristeza que su esposa exigía mas deseos y que se había vuelto muy ambiciosa, el conejo muy comprensivo le concede los deseos y le cuenta al campesino que él es un niño huérfano que fue embrujado por hechiceros pero que su hechizo se rompería al encontrar el verdadero amor.
El campesino muy conmovido lo acompaña cada día para cuidarlo y alimentarlo hasta que un día el conejo lo recibe muy contento porque quería concederle un último un  deseo. El campesino no quería nada pues decía tener todo lo que necesitaba, pero el conejo saltando a sus brazos le dice: vuelve a casa y descubrirás mi regalo.
Al llegar a casa se sentía tan bien, fuerte y joven pero solo al ver a su esposa rejuvenecida, hermosa con su rostro reluciente de bondad sin nada de ambición y que llevaba a un niño de la mano, este era el conejito que gracias al amor del campesino logró romper el hechizo y pudo formar una familia muy feliz.

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Vida
Juan C. Manriquez Benavides
I Medio

Era un día más en la ciudad, en el restaurante de siempre, a la hora de siempre, un café, tan amargo que se necesitaban kilos de azúcar para endulzarlo, salí, entré a mi auto y me dirigí al mirador en el borde de la escarpada montaña, donde todo comenzó, donde se generó el inicio de mi fin como persona que actúa como oveja en un rebaño, los recuerdo se reavivaron en mi mente.

Un día estaba yo de turista en la ciudad recorriendo de rincón a rincón, conociendo la ciudad. Una noche subí al mirador por primera vez, ahí, de un segundo a otro, caí en el conjuro del amor, le sonreí y ella me devolvió el gesto, al irme del lugar no podía quitármela de la cabeza, esos ojos verdes esmeralda y ese cabello castaño claro con mechones color miel, me decidí a volver la noche siguiente esperanzado en verla nuevamente. 

La noche siguiente cuando llegué ahí estaba ella, tan bella como la noche anterior, me dispuse a hablarle, me acerqué, la saludé y me senté junto a ella, conversamos casi hasta el alba, prometimos que nos veríamos la noche siguiente; a la cuarta noche llegó el primer beso, inmediatamente nuestra relación se disparó, comenzamos a juntarnos noche tras noche hasta que un día ella me preguntó:
- Y tú, ¿qué haces? –suavemente.
Yo le respondí:
 - Yo soy doctor - con cierto orgullo.
Me replicó mi frase:
- Pero ¿qué te gustaría hacer? - un poco más fuerte 
- Bueno... - le dije suavemente - me gustaría dedicarme a la fotografía y viajar por el mundo, tal vez algún día lo haga.
- ¿Algún día? - me dijo casi sorprendida 
El resto de la noche fue un silencia incómodo por más de media hora, luego ella me dijo que tenía que irse.

La noche siguiente subí nuevamente al mirador con la idea de verla una vez más y que lo sucedido anoche no afectara en nada, pero mis pensamientos fueron erróneos, ella no estaba ahí, supuse que no volvería, en ese momento mi mente se aclaró, pensé una y otra vez la idea, y aprovechando que estaba en la gran ciudad, fui a una tienda, compré una cámara y unos pasajes al místico Medio Oriente, el día anterior al viaje antes de ir al aeropuerto subí al mirador, me senté a ver el atardecer y lo pensé una vez más, con el corazón roto pero con la mente renovada me salí del rebaño que es la sociedad para vivir como el ser humano libre que soy, mi viaje a una verdadera vida comenzó.


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Microcuento:


La línea

Nicholás Temkim S.
7º Básico

     Ella estaba llorando y en ese momento, él vio  la línea que le cambiaría la vida para siempre.
       De la nada se le escapa una lágrima.


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Una mala mascota                                                                                                                                                    Autor: Germán Loyola 8º Básico

    ¿Por qué? ¿Por qué tuve que hacerlo, cómo pude dejar que esto pasara? Siento como la culpa fluye por mi cuerpo terminando en la punta de mis dedos terminando en el frío gatillo. Frente a mí yace esa bestia que alguna vez fue un gran amigo, mi esposa ve horrorizada el cadáver de ese ser. ¿Cómo dejé que esto llegara a este punto?
     Todavía recuerdo aquel día, en el que fui a buscar a mi amigo Juan al aeropuerto y este traía una caja.

-Hola-

-Hola-Me dijo él
-¿Te puedo preguntar que traes en esa caja?-Le dije
-Es justamente sobre esto de lo que te quería pedir un favor, verás, lo encontré cuando estábamos de caja con unos amigos, y como no quería matarlo lo traje de infiltrado-
-Y que quieres que haga con lo que hay ahí-
-Necesito que lo cuides mientras veo que hago con él-
    Me pasó la caja y cuando la abrí vi un cachorro de tigre, debía tener dos o tres semanas de vida.
-¿Quieres que cuide de él-
-Por favor, hazme este favor, será temporal mientras veo que hago-
    No tenía ganas de hacerme cargo, pero mi amigo había hecho mucho por mí, por lo que acepté.

    Cuando llegué a mi hogar mi esposa no aceptó al principio, sin embargo de alguna forma la convencí, ella le dio del nombre de “Shere Khan” como el tigre de “El libro de las tierras vírgenes”, si tan solo me hubiera dado cuenta que eso fue una señal.
    Al principio costó acostumbrarse a la presencia del pequeño, decidimos que la bodega fuera su lugar donde dormiría. Coloqué un viejo trozo de leña donde pudiera afilar sus garras y dientes. Busqué en internet información sobre como cuidar un tigre, sin embargo también salía que era mala idea tener animales salvajes como mascotas pues podrían actuar por instinto cosa que, me temo, no escuché.
    Pasó el tiempo, tuvimos una hija, la criatura ahora es una imponente y feroz bestia pues mi amigo nunca más me habló. Cada vez costaba más mantenerlo pues comía kilos y kilos de alimento. Además mientras más crecía más problemas tenía con mi esposa la cual tenía miedo que atacara a alguien y con los vecinos que amenazaban con llamar a la policía.

   Una noche cuando llegué a mi casa del trabajo fui a ver al tigre para darle de comer, pero no estaba en la bodega, asustado, lo busqué por toda la casa y lo encontré en la habitación de la niña con intenciones de atacarla pues me olvidé de alimentarlo en la mañana, me abalancé contra el tigre y este intentó atacarme. Sentí a mi esposa llegar y el tigre, cuando la escuchó, fue a atacarla, yo, viendo lo que estaba a punto de pasar, tomé mi escopeta y, con todo el dolor de mi alma, jalé del gatillo impactando la bala sobre el animal, este cayó estrepitosamente sobre el suelo mientras su alma la recibía Dios. Supongo que debí entender que un animal salvaje siempre será salvaje.

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Largamente Vivo
Ignacio Ruiz
II Medio.
Sonó el reloj, me voy a levantar, me voy a tomar un café así tal vez se me vaya el desaliento. Otra mañana triste y solitaria para un hombre como yo que después de vivir muchos años acompañado de una señora inigualable y una preciosa hija que al mundo ya empezaba a mirar con otros ojos, ella iba a ser una gran líder cuando grande, pero tal como dije, iba a ser.
Perdí a mis abuelos antes de yo poder conocerlos, huérfano, mis padres adoptivos eran unos abusadores, que se pudran tranquilamente en sus tumbas, y nunca supe nada de mis padres biológicos. Tuve una infancia llena de abuso físico y verbal intrafamiliar, mi odiado padre tenía un genio de envidiar, se enojaba hasta con las pepas de la sandía y las manzanas por tener manchas amarillas. Lo que me hizo destacar era mi gran talento en las artes abstractas y un temple inigualable. Físicamente no era una persona gorda, hacía lo que me pedían en mis escasas clases de deporte y siempre se me acercaban la gente atraída por mis ojos, detalle, eran morados; tan morados como podría serlo una amatista a plena luz del sol. Por alguna razón esto me daba una clase de poder sobre las personas, las hacía cambiar de opinión, de hacerles creer que el tipo de los ojos morados tenía la razón.
Una adolescencia como la de cualquier otro, solo que la gente me era mucho más fácil de persuadir y fue en ese momento en que me di cuenta de que mi profesión ya estaba ahí para mí, político. Es irónico como la gente dice que son puros mentirosos e igual van a votar por ellos porque tienen una bonita cara, bueno en mi caso tenía el poder de cambiar los colores, cosa que no hice para no producir el caos en el mundo.
Tuve un duro periodo en la universidad, aunque igual logré pasar y me titulé de abogado y de a poco me empecé a meter en la política y en esta misma conocí a mi mujer, Sofía del Rey, en ese momento era ministra de hacienda y al verme no pudo alejarse de mí, me seguía mucho y un día la frené en la calle y le dije que yo le gustaba y con mi poder de persuasión hice que estuviera conmigo y de aquella manera nos casamos, gracias a mi poder pude tener a una esposa cariñosa y muy linda, sinceramente me sorprendía  que algo así no fuera modelo …
Dos años más tarde tuvimos a una hermosa hija que tenía los mismos ojos de su padre, qué orgulloso me sentía.
Así fue como vivimos en mi casa de infancia la que había sido desocupada por mis odiados padres, hasta que un día la tragedia sucedió, conduciendo con mi mujer y mi niña, ignore un semáforo y un camión me vino a dar de lleno en el costado del coche, ahí fue cuando subí al mismísimo paraíso con las mujeres de mi vida, ahí me encontré con Él mismo, sí, ese que vemos en retratos en miles de Iglesias y yo les digo, todo lo que les han dicho sobre el aspecto de este señor es una mentira, para mí era una clase de Morgan Freeman pero con una voz mucho más suave que tocaba literalmente el alma y me dijo que mi misión no había terminado y me mandó de vuelta a la Tierra, pero no me preparó para lo que venía, ver a mi hija y esposa muertas fue lo peor, salí corriendo, llorando sin disipar el llanto, llegue a mi casa a dormir.
Mi café ya estaba frío y todavía no sabía por dónde empezar así es que como buena persona fui al trabajo y evitando a todos me senté en mi escritorio a pensar y mirando el cielo pasó el tiempo de ese día y de muchos otros y gracias a mi habla de a poco empecé a escalar en puestos en la política y al terminar los cuatro años electorales, sin darme cuenta, estaba postulado para presidente. Y en un cerrar y abrir de ojos era el presidente de ese país llamado Chile.
Un día de esos me vino a visitar un ángel pero algo raro tenía, ya nada me sorprendía nada pero sin embargo esto no le encontré sentido, tenía una ala rota y los ojos rojos y yo pensando que este no era un mayor problema lo escuché atentamente y me dijo que tenía que bombardear a Rusia. Creyendo en que este fuera un mensaje divino di la orden, y como nadie se me oponía fueron lanzados. Esto provocó una guerra mundial, pero no cualquiera, sino la última que este mundo presenciaría ya que en esta no quedaron sobrevivientes.

Al llegar de nuevo al paraíso me encontré con Dios pero había algo raro en él, una risa malvada y destructiva, de a poco comenzó a transformarse y vi lo que yo no esperaba ver, el diablo en persona, y ahí empezó su discurso digno de cualquier videojuego y me llevó a lugares y acciones que yo mismo había creado y destruido y de a poco comencé a darme cuenta de lo que hice y de a poco perdí las ganas de vivir y sentí como el ultimo destello de mis ojos eran llevados por el maligno.


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