lunes, 20 de agosto de 2012

CUENTOS DE TERROR:

Este cuento representó al Área Senior del colegio en el reciente Encuentro de Narrativa ABSCH.

Escape.


                                                                                                                                         Pablo Pinto B.
II Medio 2012


Era una día maravilloso, hace más o menos dieciséis o diecisiete horas que el sol no salía y la incesante lluvia corría por los techos rojos de la vecindad. Me encontraba como siempre sin ninguna compañía humana, solo mis perros, pequeños pájaros y uno que otro conejito que gustaba de pasear conmigo por los alrededores de la casa acompañado además del intenso aroma de las recreaciones vecinales, situación repugnante, por cierto. Hasta lo que aconteció recientemente, aquella fecha era similar al resto de los días, y al igual que cada día de mi pesada existencia de no más de

veinte quizás veinticinco años, este era sumamente aburrido y monótono. Digo
pesada existencia por el desagrado que le provocaba a la gente mi presencia, desde muy pequeño los niños se alejaban de mí, también los adultos e incluso
la gente mayor, por lo que llegué a la conclusión de que nunca tuve la bondadosa opción de ser una persona. Las personas deben ser, por definición, sumamente sociables o por lo menos interactuar con otras personas y, la verdad, es que yo nunca tuve con quien realizar interacciones, ya fuesen de juego, expresión o cualquier gesto que representara un mutuo beneficio. A pesar de esto, supe sobreponerme ante la adversidad, desarrollando a lo largo de toda mi corta, pero intensa vida, un instinto animal extremadamente interesante, por lo menos, así lo declaran mis pequeños compañeros de vida quienes acuden frecuentemente a mí, ya sea para ayudarme o en muchos casos para pedirme uno que otro consejo. Y ya hace más o menos tres quizás seis años me di cuenta de que por primera vez me sentí necesitado por alguien o algo y que, a su vez, yo necesitaba de este elemento por lo que pude concluir que vivía mi primera interacción seria con otro objeto o elemento vivo y, en este
caso, eran varios de estos.
Como ya les dije, no acostumbraba a tener relaciones que requerían una interacción constante, aunque a veces, debo admitirlo, saludaba a mis animales sin sus respectivas respuestas, por lo que aquel día pasó radicalmente de ser un día como todos los demás, aburrido y plenamente monótono a ser un día distinto y lleno de sorpresas misterios, cosas nunca antes vistas por mi persona, lo que era muy raro ya que de tanto pasar tiempo en la misma casa, el mismo patio, con los mismos acompañantes y sin ninguna distracción humana, pude memorizar mi entorno y casi realizar un itinerario acerca de los días que pasaban lentamente pero de forma segura.
Tal y como les comencé diciendo, me encontraba con algunas de mis mascotas: mis perros, algunos de mis pájaros y uno que otro conejito a quien le agradaba compartir nuestros paseos por los alrededores de la casa, cuando
sucedió un hecho que me quita el sueño incluso hasta este momento. Por duodécima vez saludé a uno de mis perros y este me contestó , inmediatamente seguí hablándole, buscando más respuestas, pero  inmediatamente este volvió a su caminata silenciosa por lo que mi exaltación se vio truncada por su mala disposición a entablar diálogos. Lo mismo sucedió más tarde, esta vez con mis tres canarios preferidos, por lo que me di cuenta de que esta especial situación quebró la cotidianidad, el aburrimiento y la
monotonía de aquellas fechas. Ya llevaba una caminata de aproximadamente nueve horas desde que los pequeños y coloridos pájaros me contestaron mi saludo y aún no lograba sacarle palabras ni a los perros, ni a los canarios ni a
los pequeños conejitos por lo que me disponía a entrar a la casa a supervisar el resto de mis mascotas, entre ellas una cuantiosa colección de insectos, reptiles y otros animales de interior, cuando el pequeño conejito negro me detuvo. Esto
me puso de maravilla y aunque hacía frío y tenía que alimentar a mis insectos, decidí quedarme afuera durante más tiempo e inmediatamente los perros y el resto de los animales empezaron a dirigirse a mí; me decían que debía
alimentarlos, pero ya los había alimentado hace un par de horas por lo que ignoré su petición y entré a la casa, pero la sorpresa fue mayúscula al encontrar a todas mis mascotas de interior, ya fuesen mis insectos, reptiles y los demás, fuera de sus jaulas destrozando todo lo que encontraran a su paso,
lo que me obligó a salir de la casa nuevamente.
En ese momento ya lloraba, no podía aguantar la desolación cuando llegaron mis tres perros acompañados de mis pájaros, los conejitos y de una forma sumamente extraña comenzaron a pedir que los alimentara. Yo les contestaba que ya habían consumido su ración diaria, pero parecían no
escucharme y poco a poco sus voces se hacían más fuertes y repercutían en mi cabeza, orquestando una horrible melodía que poco a poco me sacaba de quicio, tanto así, que opté por alimentarlos luego de un par de horas, gastando todo el alimento del que disponía fuera de la casa, ya que el resto fue consumido por mis mascotas de interior ya que este se encontraba dentro de la casa. Francamente, nunca los había visto tan felices durante su cena como aquella vez, quizás por el horario, que francamente no era el habitual de su
alimentación. Lamentablemente, esta felicidad momentánea se cortó luego de que esta especial cena de media noche se acabara e inmediatamente comenzaran a pedir más. Como ya les dije, no quedaba mas alimento y estos animales parecían insaciables, por lo que inmediatamente sospeché que no se venía un escenario agradable, no tanto por la casa, sino por el descontento de mis pequeños acompañantes que verdaderamente me causaba sumo dolor y una plena tristeza.
Ellos, aparentemente sin la consideración de mi tristeza insistían en alimento, y yo me veía en un escenario absolutamente inapropiado, no tenía alimento, ni dinero para comprarlo, ni siquiera ingredientes para fabricar un alimento casero como el que les servía en ocasiones especiales ya que todo  había sido arrasado por mis pequeñas mascotas de interior. ¡Pobres!, solo sentían hambre, qué culpa tenían de estar encerradas en esas pequeñas jaulas. Por primera vez, me di cuenta de que alguna vez necesité consideración
por los demás, a pesar de que no interactuaba con mis mascotas, quizás prestándoles más atención me hubiese dado cuenta de la libertad que necesitaban estos numerosos e interesantes seres que en ese momento retumbaban en mi cerebro, exigiendo su libertad de comer al momento que se
les ocurriera, o salir cuando quisieran.
Poco a poco fui perdiendo el sentido del tiempo y del espacio, entre tanta exclamación de mis animales, solo me quedaba una cosa por hacer y esta era saciar sus demandas de alimento, por lo que tuve que dejarme llevar un poco por la situación y experimentar con los recursos que disponía para
alimentarlos. Intenté con la madera que guardaba detrás de la cerca para calefacción, pero ellos no la comían exigiéndome alimento de verdad, misma situación ocurrió con el césped, con los insectos muertos, los aglomerados
metálicos e, incluso, la caja de bombones que siempre llevaba en mi chaqueta, todo fue despreciado por esos desolados animales que solo querían alimentarse, por lo que tuve que realizar mi último y mayor esfuerzo, acudiendo
a la reunión de recreación vecinal que organizaban en el vecindario una vez por año. Mientras visitaba este espantoso lugar, lleno de colores, personas y aborrecibles niños, las voces de los animales que dejé en casa o, por lo menos,
lo que quedaba de esta, se hacían más fuertes dentro de mi cabeza exigiendo carne y solo carne, por lo que no me quedó otra opción que tocar a esas asquerosas personas.
Comencé mi operación secuestrando uno por uno a los niños y escondiéndolos dormidos y atados dentro del cobertizo de mi propiedad, única parte de la estructura que no había sido consumida por mis hambrientas mascotas de interior, luego tuve que encontrar la manera de llevarme al resto de las personas, que no eran presa fácil como los niños, especialmente en el estado de alarma que había despertado en cada uno de ellos al percatarse de que sus pequeñas y desagradables criaturas ya no estaban bajo su supervisión, hablo obviamente de sus indeseables niños. Luego de varios
intentos, logré cogerlos a todos, los amarré y los encerré junto a sus pequeños dentro de mi cobertizo, conste que todo este proceso lo realicé en conjunto con las exclamaciones de mis adoradas mascotas. Creo que vivía los momentos más tristes de mi vida al ver que mis pequeños acompañantes de toda la vida sucumbían poco a poco ante la falta de libertad y de cuidado que yo mismo les había proporcionado.
Luego de haber recolectado el último recurso, tuve que proceder a la aburrida faena de los cuerpos capturados, fue rápido, aburrido, monótono y cotidiano por lo que no proporcionó nada singular a la ocasión y luego de haber
finalizado esta faena, entregué mi producto a los insaciables animales, quienes finalmente luego de diez horas más o menos, detuvieron su incesante exclamación dentro de mi cabeza, que además de producirme una crisis emocional, produjo una extraña sensación de frustración dentro de mis
sentimientos.
Finalmente, luego del cese de las tristes y desesperantes
exclamaciones, pude encerrarme en el cobertizo a dormir un poco, luego de veinte horas de desvelo, pero el sueño se vio directamente cortado por la aparición paulatina de las peticiones de estos indefensos animales. Ya estaba tan desesperado que no tuve otra opción. De haberla tenido, hubiese elegido ese escape alternativo, pero ya era muy tarde. Fue un día maravilloso, hace más o menos vientiséis o veintisiete horas que el sol no salía y la incesante lluvia corría por los techos rojos de la vecindad, a pesar de esto, decidí
entregarme a mis pequeños acompañantes de vida en correspondencia a todas las fechorías que cometí, a quizás abandonarlos algún día, quizás no entregarles todo lo que necesitaban y quizás simplemente no alimentarlos debidamente, en virtud de eso decidí jugar mi único escape, y espero que cuando encuentren mis hambrientos perros, algunos pájaros y los pequeños conejitos, se decidan por continuar el ciclo de amor que yo en algún momento
comencé.

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