jueves, 25 de octubre de 2018

Encuentro de Ensayo ABSCH 2018 The Grange School

         El viernes 5 de octubre se realizó el encuentro de Ensayos ABSCH 2018, que congregó a  diversos  colegios de la ABSCH y en esta oportunidad  participaron más de doce colegios y en todos ellos primó, lo propio del ensayista que es poner un punto de vista al servicio de las palabras que sean eco del pensamiento de los jóvenes de hoy. 
Nuestro colegio obtuvo un reconocido 2º lugar  del alumno Germán Loyola Prado del IV medio A, quien se llevó el justo reconocimiento a su trabajo creativo, tanto por la originalidad del ensayo , como por el tono inquisidor de sus escrito. La riqueza de su ensayo es presentar otra mirada a un tema contingente , quizás de manera algo polémica, sin embargo, de cruda veracidad.
El ensayo de Germán Loyola:
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Sacrificio ambiental ¿Necesario para nuestra supervivencia?

En las últimas décadas, ha estado en mayor contingencia en la opinión pública el tema de la protección medioambiental y su relación respecto a cómo esta podría afectar el desarrollo económico. En este momento la discusión a nivel global se centra principalmente en cómo la administración de Donald Trump ha decidido imponer el desarrollo de su economía industrial, por sobre la protección del medioambiente, con el hecho más notable, siendo la retirada de EEUU del acuerdo de París. Otros países desarrollados como China también tienden hacia esta línea de pensamiento. Por lo tanto, el debate pareciera ser una pugna entre qué es más importante, el progreso económico o la protección medioambiental.

Sin embargo, los ejemplos antes mencionados se refieren principalmente al impacto de la industria manufacturera de países, ya con una industria desarrollada, con medios para poder optimizar su producción, de manera tal de tener un menor impacto medioambiental. Aquí sin embargo, pretendo referirme a aquellos países cuya economía se basa más bien la extracción de recursos naturales que en una industria manufacturera, los cuales suelen ser dejados fuera de la discusión.

Convengamos que, para extraer recursos naturales actualmente, se debe obligatoriamente crear zonas de “sacrificio ambiental”. La extracción de fuentes energéticas como en petróleo o el gas requieren de la destrucción de ecosistemas para poder alcanzar los recursos. La agricultura y ganadería requieren el sacrificio de miles de hectáreas de vegetación endémica para poder criar el alimento necesario para sustentar una población cada vez en mayor aumento.

Dicho esto, puede resultar casi instintivo señalar que se debieran detener estas actividades en pos de evitar que continúe la destrucción de nuestra biosfera. El calentamiento global es un hecho y la destrucción continua de los ecosistemas naturales no hacen más que acelerar este fenómeno. Sin embargo, las economías de países que practican estas actividades, que suelen ser economías en vías de desarrollo, dependen casi exclusivamente de ellas. Por lo tanto cabe preguntarse si el progreso económico justifica la existencia de estas zonas de sacrificio ambiental en estos casos.

Tomemos como estudio de caso la economía chilena. Esta, como es sabido depende casi exclusivamente de la extracción del cobre. El problema es que la economía chilena queda vulnerable ante los vaivenes del precio de este metal rojo. Y, en estos últimos años, un nuevo competidor ha irrumpido en lo que se refiere a materiales conductores de electricidad (principal atributo del cobre), el grafeno. Este material alótropo del carbono de origen artificial promete ser un mejor conductor que el cobre y mucho más barato de producir. Si bien este aun se encuentra en desarrollo, es innegable que, una vez terminado, este va a desplazar casi completamente al cobre del mercado, así como ocurrió con en salitre artificial hace casi un siglo.

En los últimos años, los ojos de la economía chilena han mirado hacia otro mineral de gran valor en la industria tecnológica, el litio. El problema de la extracción masiva de este elemento es que aquello implicaría la destrucción casi total de los salares naturales del norte del país, teniendo un gran impacto en el ecosistema local y las comunidades que habitan en este, que dependen del turismo de la zona.

Y es aquí donde empieza el debate. Por un lado la extracción de litio tendrá un gran impacto ambiental, por el otro sin embrago, el litio es la salvación más realizable ante una eventual caída del cobre como recurso rentable.

Creo que el problema es que prácticamente se fuerza a elegir entre proteger nuestro patrimonio natural, o lograr sostener la economía nacional en caso de una crisis del cobre. Y claro, el sacrificio de cada una tendrá consecuencias nefastas. Es ahora más que nunca que se necesita proteger al medio ambiente, pero una crisis del cobre tendrá consecuencias nefastas para la población total del país, como suceden en las crisis económicas.

Otros países que también caen en este debate serían por ejemplo, Colombia, que últimamente han dependido del “fracking” para aumentar su tasa de extracción de petróleo, o Brasil que cada vez deben destruir mayores zonas de selva amazónica para aumentar el terreno para la agricultura.

Hay que señalar que esta disyuntiva, entre proteger la naturaleza o intentar mantener la población ,es el resultado de nuestro progreso como población y como sociedad. Desde la revolución industrial que nuestras condiciones de vida han mejorado exponencialmente, lo que se ha traducido en un aumento de la población. Sin embargo, esto ha sido a costa de nuestro medioambiente, cosa de la que nos hemos dado cuenta demasiado tarde. Retroceder a tiempos más simples resulta prácticamente imposible. Pero si continuamos en el camino actual, nuestro planeta no podrá seguir sosteniendo nuestra sociedad. El calentamiento global y la contaminación ha modificado los climas a tal punto que recursos como el agua serán muy escasos. 

Este es el sino trágico de la humanidad. Y en esto los países extractores de materias primas quedan en la peor posición. Necesitan por decirlo así, continuar sacrificando el medioambiente para poder producir el capital necesario para sostener sus poblaciones. Tampoco resultaría ético dejar propiciar una crisis económica, con todo lo que ella implicaría (falta de empleos, hambruna, violencia) por el acto noble de proteger zonas naturales, pero el no hacerlo también propiciará una eventual perdición.

Es lamentable el pesimismo con el que se observa esta situación, la cual hasta ahora, no es tarea fácil proponer una solución. Lo más sano sería que abandonáramos nuestras comodidades que el progreso nos ha otorgado y, cosa que como ya fue dicho, es irrealizable.  La única esperanza sería que la ciencia nos aportara con métodos que nos permitan obtener los recursos y energía de manera que no dañen el medioambiente y que los países de economías medias y pequeñas puedan implementar. Sin embargo, si bien se denota un esfuerzo mundial por logar esto, aun nada es seguro y queda mucho por progresar. Por lo tanto, y de manera trágica, resulta por ahora justificable que existan zonas de sacrificio ambiental, por lo menos hasta que se logre desarrollar una tecnología que permita satisfacer las necesidades de nuestra población sin que dependan del daño al medioambiente.  

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